La telaraña de Julián Álvez atrapa al Barça
La semana que se estrena la nueva saga de Spider-Man, el club azulgrana sigue hilvanando una estrategia que tiene pinta de terminar más en drama costumbrista que en una peli heroica de ciencia ficción

El sueño de Julián Álvarez de jugar en el Barça, que es casi ya un suspiro, va a tener un final más complejo que el de una de estas telenovelas que en capítulo final lo ponen todo del revés. La verdad es que uno tiene la impresión de que en esta operación de venta por parte del Atlético de Madrid alguien va a terminar haciéndose mucho daño: ya sea porque te vas a tener que rascar mucho el bolsillo o por la frustración que puede provocar el desenlace de algo que tenía que ser un cuento de hadas y se está convirtiendo en un clip de Marilyn Manson.
La jugada es muy fácil de resumir, difícil de ejecutar: Julián quiere vestir la camiseta del Barça y el club azulgrana cree que es el candidato ideal para reforzar la línea de ataque del equipo. El inconveniente, y principal obstáculo, es que el Atlético de Madrid no está por la labor de que el argentino de 26 años termine en el Barça, y da la sensación que antes lo venderían al Getafe por 30 monedas de chocolate como las que te traen los Reyes Magos. Pero aquí hay otro handicap a tener en cuenta: el Atlético de Madrid no es solo Gil Marín, sino su nuevo propietario, el fondo estadounidense Apollo Global Management, cuyo interés es hacer negocio con el club rojiblanco y que no entiende ni de melancolías ni pataleos.
La escalada de tensión ha ido a más durante el verano, especialmente desde que Julián dejó en gallumbos al Atlético, incluido su chistoso comunity manager, para predicar en pleno Mundial que quería salir del Manzanares para bañarse en la Barceloneta. Vaya, tan fácil como que su sueño es ir al Barça, tan difícil como que tiene una cláusula de 500 millones. Se supone que hay una promesa de por medio para facilitarle la salida, aunque ahora mismo en el Atlético sufren una misteriosa amnesia, que está en el mismo nivel de cutrez que la oferta del Real Madrid para joder la marrana.
El escenario menos plausible es que Julián Álvarez siga jugando en el Metropolitano y su carpa de circo. No creo que al argentino le haga mucha ilusión defender los colores del club que entiende le ha traicionado. A partir de aquí hay varios desenlaces abiertos, y la predicción es compleja. El Arsenal parecía ir en serio con una operación que podía ser provechosa para el conjunto madrileño: 100 millones además de incluir en la operación a Viktor Gyökeres, un futbolista por el que pagó 64 millones de euros en en verano de 2025 y que puede encajar a la perfección en el estilo de juego del Cholo Simeone.
Pero en las últimas horas parece que el club londinense ha sufrido otro flechazo, que no es otro que el del brasileño del Real Madrid Vinicius, por lo que eso dejaría algo más de espacio al Barça que sigue paciente todos los movimientos. También está la opción PSG, aunque en este caso veo más factible que sea el tiburón, y no la araña, el que termine jugando a las órdenes de Luis Enrique. Las informaciones que nos llegan es que parte de su entorno ya ha buscado casa en París. Y en el seno del Barça hay cierta división entre los partidarios a dar un golpe definitivo y subir la oferta para llevarse al argentino, y los que creen que el club se tiene que plantar y no hacer ninguna locura.
A todo esto dos fechas clave. La primera, la del 10 de agosto, que es el día que el Atlético ha citado a Julián Álvarez para ponerse de nuevo a las órdenes de Diego Simeone. Y para los optimistas y cinéfilos, la del próximo 29 de julio, que es cuando se estrena la nueva película de la saga Spider-Man, Spider-Man: Brand New Day. No me digáis que no sería una fantasía que el mismo día que Tom Holland vuelve a subirse por las paredes, algunos enemigos del Barça hicieron lo propio porque la araña le dice al mundo que su uniforme oficial lleva los colores azulgrana. Sin duda una picadura mortal más al estilo de una tarántula que, dicho sea de paso, ahora mismo parece más ciencia ficción que el final de un drama que no puede estar más enredado.

